lunes, 13 de diciembre de 2010

FERNANDO DE ROJAS(LA CELESTINA)

                                   







Se le  atribuye a  Fernando de rojas la celestina




Se le ha atribuido en su totalidad al bachiller  Fernando de Rojas , hoy 29 de marzo de 1500 la obra de “La Celestina”.
Nacido en La Puebla  de Montalbán , Toledo en 1470 .
Lo ha escrito durante  el reinado de los reyes católicos y se le atribuido porque el autor reveló su nombre y lugar de nacimiento en un famoso acróstico al principio de la segunda edición .
La Celestina es el nombre con el que se conoce la obra titulada primero Comedia de Calisto y Melibea y después Tragicomedia de Calisto y Melibea. Constituye  hoy en día una de las bases sobre las que cimenta  el nacimiento de la novela y los teatros modernos.
Existen una versión de la obra: la Comedia (1499, 16 actos. Se debate  si clasificarla como obra dramática o como novela. La crítica actual coincide en señalar su carácter de obra híbrida y su concepción como diálogo puro, quizá para ser recitado por un solo lector impostando las voces de los distintos personajes ante un auditorio poco numeroso. Sus logros estéticos y artísticos, la caracterización psicológica de los personajes —especialmente la tercera, Celestina, cuyo antecedente original se encuentra en Ovidio—, la novedad artística con respecto a la comedia humanística, en la que parece inspirarse, y la falta de antecedentes y de continuadores a su altura en la literatura occidental,


miércoles, 27 de octubre de 2010

miguel hernandez

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela,  30  de Octubre de 1910  Alicante, 28 de marzo de 1942).
Fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la    literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como genial epígono de la generación del 27.


PARA LA LIBERTAD

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida